Un pibe de veintipico patea por las
calles de Villa Crespo, Chacarita y Colegiales, enamorándose cada
dos minutos de algún otro pibe. Y contando cómo son las cosas en
los 2000-2010, cuando sos un pibe de veintipico, que patea por las
calles de Villa Crespo, Chacarita y Colegiales, enamorándose cada
dos minutos de algún otro pibe.
Caminé de córdoba a corrientes/ con un chico inteligente/ que me gusta mucho/ hablamos de la facultad/ cantidad/ de materias cursadas/ cantidad/ de finales rendidos/ en corrientes me saludó y dijo/ te saludo así intercepto a ese colectivo/ yo compré en el kiosko un mantecol/ y me puse a llorar:/ es que ya no sé/ de cuántos chicos estoy enamorado
Caminé de córdoba a corrientes/ con un chico inteligente/ que me gusta mucho/ hablamos de la facultad/ cantidad/ de materias cursadas/ cantidad/ de finales rendidos/ en corrientes me saludó y dijo/ te saludo así intercepto a ese colectivo/ yo compré en el kiosko un mantecol/ y me puse a llorar:/ es que ya no sé/ de cuántos chicos estoy enamorado
Blatt & Ríos publicó este año la
edición definitiva de Mi juventud unida, de Mariano Blatt, una
reunión de los poemas de este autor que arrancó en la época de los
fotolog, con crónicas en verso sobre la vida de ese pibe de
veintipico y estética barrial: skate en la mano, playera, shorts de fútbol, buzo con capucha. Los poemas de Blatt abundan
mucho menos en la metáfora que en la narración directa de las pequeñas escenas en las que se juega a la vez lo cotidiano y lo sublime. El amor, el barrio, el fútbol, las barritas de chabones, la amistad entre varones, cariñosa, amorosa, distinta a la
de las masculinidades hegemónicas. Esos son sus temas.
Un pibe juega con el espacio que se
forma entre la nuca y la capucha del chico que le encanta. Una bandita se junta todas las noches en un paredón y se abrazan y se pegan y hacen chistes de los que después se acuerdan en sus casas. Dos amigos sentados en el cordón de la vereda enumeran todo lo que le gusta a uno del otro y se intercambian los
pantalones de fútbol que tienen puestos. Mucho intercambio de
pantalones entre chabones que se gustan, en los poemas de Blatt. Otro
pibe, seguramente el mismo de antes, en medio de un
enfrentamiento frustrado entre las barras de Comunicaciones y
Lamadrid, se enamora un poco de un negrito de Lama, que le hace señas de vení que te agarro, alambrado mediante, para que salga y se vean afuera, tal
vez para matarse, pero tal vez para quererse.
Yo no sé/ Lama/ por qué sos tan
cagón/ por qué nunca saltaste la pared/ por qué entramos
caminando/ a tu barrio/ y nos fuimos caminando/ de tu barrio/ y vos
nunca apareciste/ Yo no sé
Lama/ de qué la agitás/ si con los
pibes de Comu/ vos nunca te plantaste/ Y esa otra tarde/ que te
fuimos a buscar/ por Beiró/ ¿dónde estabas?/ ¿Por qué no
apareciste?/ Yo te quería ver de nuevo/ a ver si entre la confusión/
lo encontraba/ otra vez/ a ese negrito/ que según averigüé/ se
llama Luis/ y hace boxeo/ en la sede del club (…)
El libro funciona también como una
mini novelita autobiográfica, por retazos, del autor, que nació en
1983. Como están presentados en forma cronológica, desde 2005 hasta
2019, va entre los 22 y los 35 años de Blatt. Es notorio: mientras
que en el primer pseudo capítulo de la novelita, prácticamente
todos los poemas hablan sobre los pibes que le gustan, hacia 2014,
cuando ya se pasó la frontera de los 30, la calentura va perdiendo lugar. Gana espacio, por momentos, la nostalgia. Ya para 2019, la
calle deja de ser el escenario. Aparece la cama,
el café; afuera llueve.
